jueves, 23 de abril de 2009

Fiestas Egipcias



Ningún pueblo ha tenido más ceremonias religiosas que los antiguos egipcios, pues no sólo escogieron como objetos de culto toda clase de animales, sino hasta las legumbres de los jardines.



Las fiestas principales de este pueblo, fueron establecidas según las épocas naturales del año: la más solemne, llamada "la fiesta de las Lamentaciones de Isis" o de la desaparición (muerte) de Osiris, comenzaba el 17 de "athyr" o 13 de noviembre, según Plutarco:
















Esta fiesta estaba consagrada al luto y a las lágrimas: hacia el solsticio de invierno se celebraba "la Busca de Osiris," y el 1 "tybi" o 2 de enero la "llegada de Isis" a Fenicia:


pocos días después la fiesta de la "Reaparición de Osiris" unía los gritos de alegría de todo Egipto a la alegría pura de Osiris:


la fiesta de las Simientes y de la sepultura de Osiris, pues la muerte de Osiris es un símbolo esencialmente agrícola; la de su "resurrección," cuando empiezan a brotar las plantas, la de la "preñez de Isis," del nacimiento de su hijo Harpócrates, a quien se ofrecían las primicias de la recolección, y la de las "Pamylias o de la procesión del phallus" (falo), unidas más o menos a las precedentes, caían en un gran periodo que abrazaba la mitad del año, desde el equinoccio de otoño hasta el de la primavera, y del mes "phaophi" al mes "pharmurti" (desde el 28 de noviembre al 21 de marzo), a principios del cual se celebraba la "Purificación de Isis:


Poco antes de la luna nueva de "phamenoth" (marzo), solemnizaban los egipcios la entrada de Osiris en la luna (luna-lunus, hermafrodita), a la que se suponía fecundaba, para que a su vez fecundase a la tierra; el 30 de "epiphi" (24 de julio) se celebraba la fiesta del Nacimiento de Horus, representante de Osiris y vencedor de Tifón en el segundo gran periodo que se extendía desde el mes "pharmuthi" hasta el "thoth", desde el 27 de marzo al 29 de agosto, en que volvía a principiar el año:
Horus, hijo de Isis y de Osiris, era el emblema de la estación en que el Sol alimenta todo, penetrando la atmósfera con su calor bienhechor; los combates de Tifón y de Horus marcaban las cualidades mortíferas de que en cierta estación se carga el aire del Egipto, y que la influencia benigna del Sol llega a neutralizar.



Además de estas fiestas generales en todo el Egipto, había fiestas locales, algunas de las cuales atraían un inmenso concurso de población:


tales eran las fiestas de Bubastis en la ciudad de este nombre; la de Neith o Minerva en Sais, llamada la fiesta de las "Lámparas encendidas;" la del Sol en Heliópolis; la de Buto o Latona, en la ciudad de este nombre; la de Marte en Paprenis, enumeradas por Heródoto:


Todas las fiestas egipcias se celebraban en la luna nueva o llena: la de las "Lámparas encendidas," se asemeja mucho a la de los "Faroles," que se celebra aún en la China:


consistía aquella fiesta en encender alrededor de las casas multitud de lámparas llenas de aceite y de sal y se las dejaba arder toda la noche. ¿Quién no ha oído hablar de las fiestas que se celebraban por todo el Egipto cuando nace un nuevo buey Apis? Los sacerdotes salían a buscarle con gran pompa para conducirlo primero a Heliópolis, donde permanecía cuarenta días, y después a Menfis donde estaba preparada su habitación: cuando moría, era un día de luto y una fiesta fúnebre general para todo el Egipto. Este país debía al Nilo tan gran fertilidad que no es extraño que los supersticiosos egipcios hicieran de él un dios: así es que celebraban en su honor fiestas llamadas "Niliacas".
Además, el Nilo era una de las formas bajo las cuales adoraban a Osiris: el 24 de setiembre, en el solsticio de estío, era cuando llegaba a su mayor altura de inundación bienhechora de este río que presentaba entonces el espectáculo de un risueño archipiélago por el que cruzaban multitud de barcas; el 24 de setiembre era, pues, un día de alegría y una de las fiestas mas solemnes en que se abrían las presas del río al ruido de las aclamaciones universales y de los gritos de alegría de una inmensa multitud: la pantera que arrojaban al río era una ofrenda que se hacia al dios; estas fiestas duraban siete días, durante los cuales se creía que los sacerdotes gozaban de una tregua con los cocodrilos y podían bañarse sin peligro en el Nilo.







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